Muchos jóvenes artistas iraníes pertenecen a una generación que no vivió la revolución de 1979.Unos porque todavía no habían nacido y otros, como Rokni y Ramin Hareizadeh porque eran niños cuando la revolución estalló. Una mayoría de jóvenes, rebeldes por naturaleza y disconformes con la clase de vida que les han obligado a vivir, forman parte de un amplio movimiento cultural que o se aleja del Islam o bien pide un Islam diferente.

Su hermano Ramin, (Teherán, 1975) siempre quiso, como su hermano, trabajar en el mundo artístico a pesar de la objeción de sus padres que querían para ellos carreras científicas, más acordes con su nivel social, que les permitiera optar a puestos de trabajo seguros, y mejor remunerados.

Hoy los hermanos Haerizadeh son autores del arte más crítico y provocativo del panorama artístico de Oriente Próximo.

El rígido estamento religioso y político iraní se esfuerza en hacer desaparecer su trabajo por considerarlos artistas malditos.

Ahora trabajan en un amplio y luminoso estudio de la zona industrial del Al Quoz de Dubai[ii].

En Irán algo tan normal como celebrar una fiesta privada en la que se sirven bebidas, se pone música y los jóvenes bailan o ven una película, debe emprenderse con suma cautela, con las cortinas corridas y las persianas entornadas, razón por la que se convierte en algo muy especial que sabe como un sabroso dulce robado…

Su forma de vestir, sus costumbres y sus valores sexuales parecen provenir de ejemplos del cinte occidental más que de un Islam estricto y devoto.

Los jóvenes iraníes de hoy defienden su derecho a la diversión y reclaman cine, música, teatro, arte, moda, actualidad…

Rokni Haerizadeh (Teherán, 1978) siempre fue calificado como estudiante rebelde por su costumbre de llevar el pelo pincho (poco aconsejable en su país), por su afición a cuestionar a los profesores y por mostrarse sumamente reacio a que las modelos femeninas vistieran chador.

Rokni Haerizadeh se muestra sumamente crítico con la sociedad en la que vive y, a través de su pintura, describe la forma de ser iraní, sus tradiciones y costumbres fundamentadas en el más puro ambiente persa. En sus pinturas, como en las de los expresionistas alemanes de principios del siglo XX, todo tiene apariencia y esencia, máscara y verdad.

Los acontecimientos más inmediatos y los antecedentes culturales constituyen la base de su identidad creativa. Haerizadeh busca expresar las filias y las fobias del ser humano, trasmitiendo el sentimiento de un individuo en constante desacuerdo con las normativas que impone su país.

Su trabajo muestra un universo de colores excesivos y sofocantes, explosivos y vibrantes, generalmente en telas de inmensos formatos, probablemente influencia de los grandes murales que aparecen en las calles iraníes con imágenes de líderes de la revolución y mártires de la guerra.